La normalidad postfestiva recupera su ritmo habitual en la capital navarra. A las 10:00 horas de esta mañana, operarios del Ayuntamiento de Pamplona han procedido a la reinstalación de la imagen de San Fermín en su hornacina de la cuesta de Santo Domingo. Con la colocación de la figura y el montaje de la puerta de cristal que protege el vano del lienzo de la muralla, se completa la operación inversa a la llevada a cabo el pasado 3 de julio, cuando se despejó el hueco para adaptarlo a las necesidades de seguridad y organización de las carreras matinales.
Durante el resto del año, esta efigie de propiedad municipal preside el histórico tramo donde se inicia el recorrido de los toros. Sin embargo, durante los ocho días de fiestas, el espacio físico de la muralla es ocupado por otra talla icónica de gran valor sentimental para los corredores y las agrupaciones de la ciudad.
La historia de la hornacina de Santo Domingo y los cánticos de los mozos
La hornacina de la cuesta de Santo Domingo alberga de forma temporal durante las fiestas una imagen diferente que data de 1978 y que es propiedad de las peñas de Pamplona. A esta icónica figura se encomiendan los mozos y mozas antes de que se abra el portón de los corrales a las 08:00 horas. El ritual se repite de forma ininterrumpida cada mañana de San Fermín mediante la entonación de los tres cánticos de auxilio a las 7:55, 7:57 y 7:59 horas, interpretados tanto en castellano como en euskera.
A diferencia del busto municipal, la imagen de las peñas se coloca y se retira individualmente cada jornada del encierro, custodiándose en un domicilio particular tras el final de las fiestas. El altar improvisado de la cuesta se decora cada mañana con flores, velas, candelabros y los pañuelos tradicionales de las peñas.
Esta arraigada costumbre urbana comenzó a forjarse en la década de los años 70. Originalmente, el santo se ubicaba en un ventanal del desaparecido Hospital Militar, espacio que hoy ocupa el departamento de Educación del Gobierno de Navarra. Tras el cambio de la figura en los Sanfermines de septiembre de 1978, el consistorio pamplonés habilitó en 1981 el actual hueco definitivo en la muralla.











