Osasuna rozó un triunfo muy serio en Vitoria, pero acabó marchándose de Mendizorroza con un empate que deja un cierto sabor amargo. Los de Alessio Lisci arrancaron con una marcha más y encontraron premio muy pronto, cuando Valentin Rosier abrió el marcador en el minuto 4 para poner por delante a los rojillos.
El Alavés, que necesitaba el punto como el aire, fue creciendo con el paso de los minutos y encontró la igualada justo antes del descanso por medio de Toni Martínez, tras una asistencia de Antonio Blanco. Ese 1-1 dejó el partido abierto y con la sensación de que la segunda parte iba a decidirse por detalles.
Ya en la segunda parte, el choque se trabó y Osasuna supo resistir mejor las embestidas locales. La recompensa llegó en el minuto 80, cuando Ante Budimir convirtió un penalti claro y devolvió la ventaja a los navarros, que ya acariciaban una victoria de prestigio fuera de casa.
Pero el fútbol, tantas veces caprichoso, reservó el último golpe para el Alavés. En el tiempo de descuento, Lucas Boyé transformó otra pena máxima (está más dudosa) y firmó el 2-2 definitivo, un desenlace que dejó helados a los rojillos y desató el alivio en la grada local.
Osasuna, que se había comportado con oficio y carácter, se quedó a un paso de un triunfo importante, aunque vuelve a casa con la sensación de haber competido de tú a tú en un campo siempre incómodo.






