Las huellas dactilares y el informe de inteligencia, claves una vez más para ubicar a ‘Anboto’ en un atentado de 1987

08/07/2020 La exjefa de ETA María Soledad Iparragirre, alias 'Anboto' y una de las voces del video que anunció la disolución de la banda terrorista, minutos antes del comienzo del primero de los 12 juicios que tiene pendientes en España, después de que fuera entregada por Francia el año pasado tras cumplir allí casi 20 años de prisión. En Madrid, (España), a 8 de julio de 2020. POLITICA Pool
Comparte/Partekatu

La Fiscalía eleva a definitivas sus conclusiones y pide 61 años de cárcel por la colocación de una ‘bomba-trampa’ a las puertas de un bar.

La declaración de los peritos que realizaron el informe de las huellas dactilares y de los agentes de la Guardia Civil que redactaron el informe de inteligencia relacionado con la ‘bomba-trampa’ de ETA que explosionó a las puertas de un bar de la localidad guipuzcoana de Escoriaza en 1987, apuntalan la tesis de la Fiscalía que ubica a María Soledad Iparraguirre, alias ‘Anboto’, en la preparación, traslado y colocación del artefacto como miembro liberado del comando ‘Araba’.

Este jueves, la Sección Primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ha juzgado a la exjefa de ETA María Soledad Iparraguirre por esos hechos, con los que la banda, según el Ministerio Público, buscaba causar la muerte de los guardias civiles que acudiesen a desactivarlo gracias a la trampa consistente en la colocación de un doble detonador.

El Ministerio Fiscal, tras la práctica de las testificales en la vista oral, ha elevado a definitivas las conclusiones que plasmó en su día en el escrito de acusación. Así, mantiene su petición de 61 años de cárcel por hechos que considera que son constitutivos de dos delitos de asesinato frustrado, un delito de estragos y un delito de pertenencia a organización terrorista, con arreglo al Código Penal vigente en el momento de los hechos –hoy ya derogado–.

De esta manera, y a la luz de las periciales practicadas y de la documental relativa a lo declarado por un colaborador de ETA (José Ignacio Gaztañaga), la Fiscalía da por acreditado que ‘Anboto’ pertenecía al comando ‘Araba’ en el momento en el que se produce el atentado. Cabe recordar que por los mismos hechos ya han sido condenados el resto de terroristas –colaboradores y liberados– que pertenecieron a ese comando, Alberto Plazaola, Juan Carlos Arruti ‘Azpitarte’, José Ignacio Gaztañaga y José Javier Arizcuen (kantauri).

LOS HECHOS DEL BAR NAIRA

Según el relato de los hechos que consta en el escrito de acusación, ese comando no sólo operaba en Álava sino que lo hacía en zonas limítrofes de Guipuzcoa y Vizcaya. Y en ese contexto, el comando al que pertenecía ‘Anboto’ –fiscalía usa el apodo de ‘Marisol’ para referirse a ella– concibe un plan para colocar ese artefacto en mayo a las puertas del bar Naira.

Lo que buscaban era tender una trampa a los agentes de manera que la bomba explotara cuando se acercaran a intentar desactivar el paquete bomba. El escrito detalla que tras preparar el explosivo, Anboto, Arruti y Arizcuren se dirigieron con la carga desde Vergara a la localidad donde iban a colocarlo.

La artimaña consistía en una caja grande de cartón que contenía dos kilogramos de ‘trilita’ (conocido como TNT) que estaba conectada mediante conductores eléctricos con una caja de plástico más pequeña que incluía un sistema de detonación con temporizador. La idea era que la caja de cartón estallara a los tres minutos de que se produjera la desconexión de la caja pequeña de plástico.

El 22 de mayo del 87 lo colocaron a las puertas del bar en la madrugada y activaron el detonador de la caja de plástico para que detonara pasadas las 8.45 horas. Tras esto dieron aviso al diario Egin y la noticia llegó tanto a la Ertzaintza como a la Guardia Civil y ambas fuerzas se personaron en el lugar. Mientras la policía autonómica desalojó la zona, el equipo de desactivación de explosivos de la Guardia Civil procedió a desenganchar las dos cajas por medio de robots.

Tras desconectarlas, y previendo que la caja de cartón pudiera contener material explosivo, se retiraron 80 o 100 metros por precaución. Y a los tres minutos se activó el detonador e hizo estallar la trilita. Según el testimonio del propietario del bar y de varios de los agentes que participaron en el operativo, la explosión produjo destrozos en inmuebles y vehículos, y en caso de que hubiera habido gente cerca habría causado muertes.

ANBOTO, MUDA ANTE EL TRIBUNAL

Durante la vista, la etarra se ha negado a declarar a preguntas tanto de la Fiscalía como de su defensa, y el letrado que la representaba ha declinado aportar testigos a la causa o interrogar a los propuestos por el Ministerio Público.

Tras escuchar al propietario del bar, a uno de los agentes de la Guardia Civil que trató de desactivar el artefacto explosivo, o la persona que tasó los daños, el momento clave de la vista ha sido el interrogatorio a las personas que hicieron el análisis de cotejo de las huellas halladas en el artefacto. Han confirmado que de las 14 huellas analizadas, identificaron seis de ellas, de las cuales dos pertenecían a ‘Anboto’, concretamente a los dedos índice y anular de la mano izquierda.

En la declaración de los agentes que elaboraron el informe de inteligencia, se ha explicado que si bien por aquel entonces ‘Anboto’ era conocida con varios alias como Marisol, Sole, Soledad, Pana o Elisabeth, siempre es reconocida fotográficamente con la persona de María Soledad Iparraguirre.

Y en relación a su participación en el atentado, indican que no hay duda que pertenecía al comando ‘Araba’ en esa fecha, que por tanto participó en el atentado de Escoriaza y que hay una declaración de otro colaborador de ETA en la que asegura que tras atentar contra un concesionario, habían planeado atentar contra un bar de Escoraiza donde se consumía droga. Ese testigo citó con nombres y apellidos quien conformaba el comando.

EL “NO RECUERDO” DE GAZTAÑAGA

Durante la vista también se ha tomado declaración a José Ignacio Gaztañaga, el colaborador de ETA que condujo el coche lanzadera y que ya fue condenado por estos hechos. Treinta años después, ha indicado, en contradicción con lo que declaró en instrucción, que no recuerda esos hechos y que si reconoció a otros miembros de ETA fue porque le obligaron.

El Ministerio Público en su informe ha destacado el valor de la pericial de inteligencia para acreditar el delito de pertenencia a banda armada, y ha defendido esta prueba como “elemento auxiliar valorativo” que no puede ser desdeñable porque ha sido elaborado por miembros de la Guardia Civil con experiencia dilatada en lucha antiterrorista.

También ha puesto en valor la declaración en instrucción de Gaztañaga, de la que se ha realizado lectura en la vista, porque acredita que Anboto pertenecía al comando hasta diciembre de 1987. Y, respecto al atentado del bar Naira, ha apuntado que es determinante el informe lofoscópico –de huellas dactilares–.

“La procesada buscaba resultado de muerte de aquellos agentes que fuesen a anular o desactivar el explosivo. Pusieron todos los medios a su alcance para que se produjese, y si no se produjo no fue por un fallo o voluntad de frenar el efecto, se produce por causas ajenas a la voluntad de los terroristas”, ha apuntado la fiscal.


Comparte/Partekatu

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *