A la atención del Arzobispado de Pamplona y Tudela
Ante la situación que atraviesa don Javier Aizpún, párroco de Huarte, queremos manifestar públicamente nuestro apoyo y acompañamiento.
Javier no representa únicamente a quienes acuden a misa, sino también a muchos navarros y españoles —creyentes practicantes, alejados de la Iglesia e incluso no creyentes— que reconocen en él la valentía de defender nuestras raíces cristianas, nuestra cultura, nuestra nación y una civilización edificada alrededor de la cruz y los altares.
Aunque no toda expresión concreta tenga que ser compartida literalmente, consideramos profundamente injusto que se exponga y abandone a un sacerdote ante una campaña de señalamiento, en lugar de ofrecerle el amparo, la prudencia y la corrección fraterna que la Iglesia predica. La discrepancia con sus palabras no justifica convertirlo en objeto de escarnio ni dejarlo indefenso frente a quienes pretenden silenciarlo.
Nos preocupa una jerarquía eclesiástica que parece encontrar mayor facilidad para censurar a un sacerdote que para defender la fe, la historia cristiana de España y a los fieles que ven despreciadas sus creencias, sus símbolos y su cultura.
Rechazamos la actual subordinación de la Iglesia al supremacismo nacionalista vasco, a intereses ideológicos contrarios al cristianismo y a proyectos políticos y culturales que arrinconan nuestras raíces cristianas mientras favorecen la progresiva islamización de nuestra sociedad.
Nos inquietan también el silencio y la ambigüedad ante quienes relativizan la persecución, las profanaciones y los asesinatos sufridos por sacerdotes, religiosos y fieles católicos durante los periodos más trágicos de nuestra historia, así como ante la persecución que hoy padecen comunidades cristianas en Nigeria, Burkina Faso, la República Democrática del Congo, Mozambique y otros lugares.
Frente a una Iglesia acomodada al espíritu del tiempo, reclamamos el celo reformador del cardenal Cisneros, la firmeza de Isabel la Católica, la defensa de la cristiandad de Carlos V y la renovación espiritual de san Francisco de Asís. Estamos convencidos de que comprenderían y respaldarían la defensa de la fe, de la unidad de España y de nuestras raíces cristianas que inspira las palabras de Javier Aizpún.
No pedimos odio ni violencia, sino una Iglesia valiente y fiel a Cristo, capaz de practicar la caridad sin renunciar a la verdad, de defender a sus sacerdotes y fieles y de no avergonzarse de su propia historia.
Pedimos al Arzobispado que no convierta a Javier Aizpún en un chivo expiatorio, que no lo abandone ante el señalamiento público y que no confunda la misericordia con la sumisión al espíritu del mundo.
Y a Javier le transmitimos un mensaje inequívoco: no estás solo. Somos muchos quienes te acompañamos, rezamos por ti y deseamos que no te rindas. Estamos y seguiremos estando contigo.
Firmado por Alexis Nahuel Montoya y más firmas




