El Saski Baskonia volvió a tocar el cielo copero diecisiete años después al imponerse por 89-100 al Real Madrid Baloncesto en la final de la Copa del Rey de Baloncesto, disputada en el Roig Arena de València. Un triunfo contra pronóstico, construido desde la resistencia y culminado con una exhibición ofensiva en el último cuarto.
El equipo dirigido por el italiano Paolo Galbiati firmó una actuación coral sostenida por un tridente demoledor: Timothé Luwawu-Cabarrot (28 puntos), Eugene Omoruyi (23) y Trent Forrest, que lideró con autoridad y 38 de valoración. Entre los tres sumaron 73 de los 100 puntos vitorianos. Y cuando el pulso temblaba, emergió Markus Howard para asestar el golpe definitivo.
Un inicio arrollador del Madrid
El conjunto blanco, entrenado por Sergio Scariolo, arrancó la final como había cerrado su agónica semifinal ante el Valencia. Mario Hezonja, Campazzo y Llull castigaron desde el perímetro y en apenas dos minutos el marcador reflejaba un 13-2 que obligaba a Galbiati a detener el partido.
Pero Baskonia no se descompuso. Luwawu-Cabarrot asumió galones, atacó el aro con determinación y, junto a un vertical Forrest y el combativo Omoruyi, sostuvo a los suyos en el intercambio de golpes. El choque entró en una fase de alternancias, con parciales y respuestas constantes.
Un 14-0 liderado por Andrés Feliz y Alex Len devolvió el mando al Madrid mediado el segundo cuarto (40-30), pero de nuevo apareció el tridente azulgrana para minimizar daños antes del descanso (52-47).
Resistencia y fe hasta el desenlace
Tras el paso por vestuarios, Luwawu-Cabarrot y Forrest empataron el duelo a 57 y sembraron dudas en el favorito. Campazzo y Hezonja respondieron, pero el Baskonia no soltó la cuerda. El apoyo de las gradas neutrales, sumado al empuje de la afición vitoriana, alimentó el “sí se puede” que empezaba a sobrevolar el pabellón.
En el último cuarto, con el Madrid centrando su defensa en Luwawu-Cabarrot —que acabaría eliminado por faltas—, Omoruyi y Forrest asumieron el relevo. El marcador reflejaba un ajustado 83-85 a falta de cuatro minutos cuando apareció Howard. Hasta entonces discreto, el escolta firmó las acciones decisivas que apagaron la reacción blanca, incluido un tramo final sin titubeos desde el perímetro.
Un triple de Hezonja hizo asomar los fantasmas en el banquillo vitoriano, pero esta vez no hubo remontada rival. Baskonia cruzó la meta con autoridad y cerró la final con un parcial demoledor en el último cuarto (17-33).
Séptima Copa y noche histórica
El triunfo supone el séptimo título copero para el club vitoriano y el primero desde 2009, en una final que reunió a 15.314 espectadores y contó con la presencia del rey Felipe VI, así como de diversas autoridades deportivas e institucionales.
Diecisiete años después, el Baskonia reverdece laureles y vuelve a escribir su nombre en la historia de la Copa del Rey con una actuación sideral, forjada en el carácter, el talento y la convicción de un equipo que nunca dejó de creer.








