Las cardiopatías congénitas se consolidan como las malformaciones más frecuentes en el ámbito sanitario, con una incidencia de entre 8 y 10 casos por cada 1.000 nacimientos. En Euskadi, esta realidad afecta a cerca de 175 menores cada año. Sin embargo, gracias a la evolución de los tratamientos quirúrgicos y terapéuticos, el 85% de los pacientes sobrevive hoy hasta la etapa adulta, un hito que ha transformado el perfil demográfico de esta patología.
La atención de estas personas requiere de equipos multidisciplinares capaces de tratar secuelas como arritmias, disfunción ventricular o hipertensión pulmonar. En este contexto, la Unidad de Cardiopatías Congénitas del Adulto del Hospital Universitario Cruces destaca como centro de referencia en el País Vasco.
Esta unidad cuenta con la acreditación estatal CSUR, lo que le permite atender a pacientes de la comunidad autónoma y de otros puntos del Estado que precisan una alta especialización tecnológica y diagnóstica. El centro aborda desde lesiones simples hasta casos de gran complejidad, garantizando que el paciente no pierda la continuidad asistencial al dejar la pediatría.
Una transición segura hacia la madurez
Uno de los puntos clave del modelo vasco es el proceso de transición asistencial, que comienza en torno a los 15 años. Mediante consultas conjuntas entre cardiología pediátrica y de adultos, se prepara a los jóvenes para que comprendan su enfermedad y ganen autonomía en sus cuidados.
Con motivo del Día Mundial de las Cardiopatías Congénitas, que se celebra este 14 de febrero, el Departamento de Salud subraya la importancia de este enfoque integral para asegurar una calidad de vida óptima a lo largo de todas las etapas del paciente.






