Miles de personas se reunieron en Pamplona para celebrar una de esas noches que quedan grabadas en la memoria: la visita de Deep Purple, una de las bandas más influyentes de la historia del rock y del heavy, acompañada por unos teloneros de auténtico lujo, Burning.
Había ganas. Se respiraba desde mucho antes de que se apagaran las luces. Camisetas negras y gargantas preparadas para cantar. Porque cuando Deep Purple pisa un escenario no ofrece únicamente un concierto: ofrece una lección magistral de historia del rock.
La formación actual mantiene intacta la esencia de una leyenda. Ian Gillan continúa demostrando por qué es una de las voces más reconocibles del hard rock; Roger Glover aporta la elegancia y el peso de un músico imprescindible; Ian Paice, único miembro presente en todas las etapas del grupo, sigue siendo una máquina perfecta detrás de los tambores; Don Airey mantiene vivo el espíritu del inolvidable Jon Lord con un Hammond que continúa erizando la piel; y Simon McBride, incorporado oficialmente en 2022, volvió a demostrar que su elección fue un auténtico acierto. Técnica descomunal, elegancia y personalidad para asumir un reto que parecía imposible. Un auténtico crack.
El repertorio fue un viaje por más de medio siglo de historia. Cada riff, cada solo y cada acorde hicieron viajar al público por la época dorada del hard rock. No hizo falta ningún artificio. Bastaron cinco músicos sobre el escenario para demostrar que el rock, cuando es auténtico, sigue siendo imbatible.
Pero antes de que sonaran los primeros acordes de Deep Purple, el público ya había disfrutado con otra banda imprescindible. Burning abrió la noche con la naturalidad de quien lleva cinco décadas defendiendo el rock and roll en castellano. Fundados en 1974 en el madrileño barrio de La Elipa, son pioneros del rock urbano español y siguen manteniendo intacta su esencia gracias al liderazgo de Johnny Cifuentes, el único miembro original que continúa al frente del grupo.
Clásicos como ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este? o Mueve tus caderas volvieron a sonar con la fuerza de siempre, confirmando que hay canciones que pertenecen para siempre al patrimonio sentimental de varias generaciones.
La respuesta del público fue extraordinaria durante toda la noche. Miles de asistentes llenaron el Navarra Arena para vivir una experiencia única, demostrando que el buen rock nunca envejece. Había aficionados que habían visto a Deep Purple hace décadas y jóvenes descubriendo en directo por qué la banda británica cambió para siempre la historia de la música.
Pamplona respondió como sabe hacerlo: entregándose por completo. Cada aplauso, cada coro y cada ovación certificaron que el sentimiento sigue muy vivo. Porque el heavy auténtico no necesita modas ni tendencias. Solo necesita músicos de verdad y un público dispuesto a dejarse llevar.
La noche del 5 de julio quedará como una de esas grandes citas musicales que hacen ciudad. Un encuentro entre generaciones, entre historia y presente, entre leyendas y aficionados que siguen creyendo que una guitarra, un Hammond y una batería pueden mover el mundo.










