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El ataque estadounidense‑israelí contra Irán corre el riesgo de sumir al mundo en el caos

Por Arshin Adib-Moghaddam, SOAS, University of London

Publicado: 28/02/2026 ·
16:49
· Actualizado: 28/02/2026 · 22:52

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  • Bandera de la República Islámica de Irán

Estados Unidos e Israel han lanzado amplios ataques coordinados contra numerosos objetivos en Irán, lo que ha provocado represalias en la región. Donald Trump no intentó obtener la aprobación del Congreso ni buscó una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas antes de emprender estas acciones. Para colmo, el ataque se ha producido en pleno proceso de negociaciones entre Teherán y Washington.

Los hechos no dejan lugar a dudas: se trata de una guerra ilegal, tanto según la legislación estadounidense como según los estatutos internacionales.

El presidente estadounidense ha afirmado en repetidas ocasiones que no se puede permitir que Irán desarrolle un arma nuclear. El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, declaró tras la última ronda de negociaciones que se estaban realizando “buenos progresos” en un acuerdo para limitar el programa nuclear de Irán a cambio del levantamiento de las sanciones. Sin embargo, el organismo de control nuclear de las Naciones Unidas ha comunicado que, dado que Irán ha denegado el acceso a instalaciones clave afectadas durante el conflicto del año pasado, es imposible verificar si Irán ha suspendido todo el enriquecimiento de uranio. Tampoco pueden determinar el tamaño y la composición actuales de sus reservas de uranio enriquecido.

En el momento de publicar este artículo, no cesan de caer bombas sobre varias ciudades de Irán. La tragedia parece inevitable y muchos inocentes sufrirán. ¿Es el asunto nuclear el motivo del ataque? Atendiendo a las declaraciones del presidente de Estados Unidos, el objetivo ha pasado de intentar llegar a un acuerdo nuclear a forzar un cambio de régimen.

La actual intervención en Irán es el punto final de una larga campaña de la derecha estadounidense e israelí para remodelar Oriente Medio y el mundo musulmán a punta de pistola. Se trata de otra intervención más en una larga historia de desastrosas acciones exteriores que han desestabilizado el país desde que Gran Bretaña y la Unión Soviética derrocaron a Reza Shah Pahlavi en 1941, y la CIA y el MI6 orquestaron un golpe de Estado para derrocar al primer ministro iraní elegido democráticamente, Mohammad Mossadegh, en 1953.

La República Islámica de Irán considera el ataque como una amenaza existencial

Las consecuencias de este ataque probablemente serán nefastas para la región pero también para el resto el mundo. Irán ya ha tomado represalias atacando bases estadounidenses en Kuwait, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Baréin. Ya están apareciendo los primeros informes de víctimas, y parece poco probable que Irán se contenga. Está claro que la República Islámica considera esto como una amenaza existencial.

Teherán recurrirá a sus aliados: los hutíes en Yemen, las Fuerzas de Movilización Popular en Irak y Hezbolá en el Líbano, que, a pesar de haber sido debilitados durante dos años de ataques por parte de Israel, con la ayuda y la complicidad de Estados Unidos, tienen capacidad suficiente para expandir el conflicto por toda la región.

Irán ya ha indicado, en recientes maniobras con la Armada rusa, que podría ser capaz de cerrar el estrecho de Ormuz, por el que transita alrededor de una cuarta parte del petróleo mundial y un tercio del gas natural licuado. Como consecuencia, los precios del petróleo se dispararán y la economía mundial se verá afectada.

Choque de civilizaciones

Esta guerra también tiene un componente cultural. Israel y Estados Unidos están llevando a cabo esta guerra durante el mes del Ramadán. Los musulmanes de todo el mundo están ayunando. Para miles de millones de ellos, este es el mes de la espiritualidad, la paz y la solidaridad.

Las imágenes de musulmanes iraníes muertos por las bombas israelíes y estadounidenses podrían avivar la narrativa del choque de civilizaciones que enfrenta al mundo judeocristiano con el islam.

Los musulmanes de las capitales europeas, junto con los activistas contra la guerra, verán esta contienda como una clara agresión por parte de Estados Unidos e Israel. La opinión pública mundial no se dejará influir fácilmente en la dirección que Trump y Netanyahu desearían.

Efectos en Moscú y Pekín

Y hay que preguntarse: ¿qué pensarán los líderes de Moscú y Pekín al ver esta guerra ilegal y qué podría significar esto para Ucrania y Taiwán? Vladimir Putin y Xi Jinping son cercanos al Gobierno de Irán y condenarán esta guerra. Al mismo tiempo, podría hacer que se sientan autorizados para perseguir sus propios intereses con poderío militar.

Por lo tanto, el ataque de Trump y Netanyahu contra Irán tiene el potencial de sumir al mundo en una profunda crisis. Cabe esperar más refugiados, más agitación económica, más traumas, más muerte y destrucción. La única esperanza ahora es que prevalezcan las mentes más sensatas entre los líderes mundiales para contener este conflicto y limitar las acciones de Trump y Netanyahu.

Hay que dar prioridad a la diplomacia. Intentar forzar un cambio de régimen lanzando una guerra ilegal es una temeridad. Si Irán se desestabiliza aún más, todo Oriente Medio se verá sumido en una agitación total.

A partir de ahí, el resultado para el mundo entero es peligrosamente incierto.The Conversation

Arshin Adib-Moghaddam, Professor in Global Thought and Comparative Philosophies, Inaugural Co-Director of Centre for AI Futures, SOAS, University of London

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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